La empatía es una cualidad valiosa. Sin embargo, en muchas mujeres se convierte en una forma constante de postergarse. Escuchan, comprenden, sostienen… y se olvidan de sí mismas.
Desde la psicología conductual, muchas conductas empáticas están guiadas por reglas internas como:
“Si digo que no, hago daño” o “tengo que entender al otro antes que a mí”.
Estas reglas suelen ser reforzadas socialmente. Ser “la comprensiva”, “la que siempre está” o “la que no se enoja” recibe aprobación, pero también genera un desgaste emocional silencioso.
Con el tiempo aparecen la culpa por poner límites, el resentimiento acumulado y la sensación de no tener espacio propio. No porque falte capacidad de autocuidado, sino porque cuidarse se aprendió como algo riesgoso.
La empatía sana no implica sacrificio constante. Cuidar a otros no debería significar desaparecer. Revisar estas reglas internas permite recuperar equilibrio y construir vínculos más justos, también contigo misma.
En Mujeres sin Ansiedad divulgamos psicología basada en evidencia para ayudarte a comprender estos patrones y construir una relación más sana contigo misma, con tu trabajo y con tus vínculos.