Febrero suele hablar de amor, pero para muchas mujeres también es un mes donde la ansiedad se intensifica.
No porque falte amor, sino porque amar se siente como un esfuerzo constante.
Si te reconoces dando más de lo que puedes sostener, pensando cada palabra, cada gesto, cada silencio, es posible que no estés viviendo una relación tranquila, sino una relación atravesada por ansiedad.
Y no, esto no tiene que ver con “amar demasiado”.
Tiene que ver con cómo aprendiste a vincularte.
Cuando la ansiedad se instala en la relación
Muchas mujeres llegan diciendo:
“No sé qué me pasa, pero nunca logro relajarme del todo con mi pareja”.
Desde la psicología conductual, entendemos la ansiedad en las relaciones de pareja como un patrón aprendido: una forma de responder al vínculo desde la vigilancia, el miedo y la anticipación constante.
No hace falta que ocurra algo grave.
A veces basta con:
- un mensaje que tarda en llegar
- un cambio de tono
- menos atención de lo habitual
Para que el cuerpo reaccione como si hubiera peligro.
Las reglas internas que guían tu forma de amar
Gran parte de lo que hacemos en una relación no nace del momento presente, sino de reglas internas que aprendimos con el tiempo, como:
- “Si no doy todo, me van a dejar”
- “Tengo que adaptarme para que funcione”
- “Si hay conflicto, es porque yo fallé”
Estas reglas no son pensamientos sueltos.
Son guías de conducta que organizan cómo amas, cómo reaccionas y cuánto te exiges.
El problema aparece cuando estas reglas mantienen la ansiedad activa y te empujan a dar más de lo que puedes.
El ciclo de la ansiedad en el amor
Cuando el miedo a perder la relación aparece, suele activarse este ciclo:
- Sientes inseguridad o temor
- Aumentas el esfuerzo: más disponibilidad, más cuidado, menos límites
- La ansiedad baja momentáneamente
- Pero vuelve… y cada vez con más fuerza
Este patrón no habla de debilidad emocional.
Habla de aprendizajes que alguna vez funcionaron, pero hoy generan desgaste.
Dar demasiado también tiene un costo emocional
Muchas de estas conductas son incluso reforzadas socialmente:
- “Qué buena pareja eres”
- “Siempre estás ahí”
- “Todo lo das por amor”
Pero lo que no se ve es el costo interno:
- cansancio emocional
- culpa al poner límites
- miedo constante a equivocarte
- dificultad para sentir calma en el vínculo
Cuando una relación te exige desaparecer un poco para sostenerla, deja de ser un espacio seguro.
Separar amor de sacrificio también se aprende
Cambiar esta forma de amar no implica amar menos.
Implica revisar las reglas internas que hoy guían tu conducta.
Pasar de:
“Tengo que darlo todo para que no se vaya”
A:
“Una relación sana no me exige dejarme de lado”.
Desde la psicología conductual, entendemos que lo aprendido puede modificarse, especialmente cuando deja de servir a tu bienestar emocional.
Una pregunta clave para el mes del amor
Este mes, más allá de los gestos románticos, puede ser útil preguntarte:
¿Me siento tranquila, respetada y segura en esta relación?
Porque el amor que cuida no mantiene en alerta constante.
Y la calma también es un indicador de vínculo sano.
En Mujeres sin Ansiedad divulgamos psicología basada en evidencia para ayudarte a comprender estos patrones y construir una relación más sana contigo misma, con tu trabajo y con tus vínculos.